
Alegre, joven, excitante… el nuevo maquillaje de Elizabeth Arden para la primavera… diseñado para lucirlo con los rosas y azules, los velos frívolos y las flores y encajes de la moda primaveral de 1939…
Dicen que parte del éxito de la marca Elizabeth Arden se debe en gran parte al “auto-marketing” que se hizo ella misma. Siempre impecable, proyectaba una imagen de sofisticada mujer de negocios que resultaba muy atractiva a sus clientas.

Hoy en día también se comenta que gran parte del gran éxito en ventas que está teniendo Estee Lauder se debe (calidad indiscutible de las cremas aparte) al valor añadido que presta a la marca la muy guapa Aerin Lauder, nieta de la fundadora. Aerin es guapa, elegante y muy inteligente. Su imagen de mujer de negocios de éxito que compagina a la perfección el trabajo con su vida familiar sin olvidar su faceta solidaria gusta, y mucho (todo muy estudiado, de su hermana Jane que no es tan agraciada como ella casi no hay fotos y eso que ella también trabaja en la empresa familiar!). A mí la verdad es que me cae simpática y para que nos vamos a engañar, quiero su cutis!

Cuando Helena Rubinstein llegó a Australia a principios del Siglo XX descubrió un filón de oro. En las Antípodas el sol pega pero bien, y si tu tipo de piel es la blanquita pecosa de un anglosajón medio, ponte a la sombra y no salgas jamás porque la piel se te caerá a trozos (literalmente). Las mujeres del pueblo Australiano al que llegó Helena con su delicada y preciosa piel del este se morían por su cutis y Helena que ya por entonces apuntaba maneras de la negocianta que llegaría a ser enseguida les vendió la moto de que todo se debía a la maravillosa crema de receta polaca hecha por ella que usaba. Éxito en ventas y principio del gran imperio que conocemos hoy.
El lema de Helena Rubinstein era “No hay mujeres feas, sólo mujeres perezosas”. Yo prefiero el lema de mi farmacéutica, “las cremas ayudan pero no hacen milagros, para eso hay que peregrinar a Lourdes”.
Feliz Jueves!

Cuando Helena Rubinstein llegó a Australia a principios del Siglo XX descubrió un filón de oro. En las Antípodas el sol pega pero bien, y si tu tipo de piel es la blanquita pecosa de un anglosajón medio, ponte a la sombra y no salgas jamás porque la piel se te caerá a trozos (literalmente). Las mujeres del pueblo Australiano al que llegó Helena con su delicada y preciosa piel del este se morían por su cutis y Helena que ya por entonces apuntaba maneras de la negocianta que llegaría a ser enseguida les vendió la moto de que todo se debía a la maravillosa crema de receta polaca hecha por ella que usaba. Éxito en ventas y principio del gran imperio que conocemos hoy.
El lema de Helena Rubinstein era “No hay mujeres feas, sólo mujeres perezosas”. Yo prefiero el lema de mi farmacéutica, “las cremas ayudan pero no hacen milagros, para eso hay que peregrinar a Lourdes”.
Feliz Jueves!